El realizador madrileño Rodrigo Sorogoyen realiza el particular complemento de Madre con El ser querido. Si en aquella éramos testigos del intento de acercamiento de una progenitora con el que creía que era su hijo, que le fue arrebatado años atras, aquí nos encontramos con un padre que trata de aproximarse a su hija de la que se distanció años atrás. Él es un famoso director de cine que ha triunfado en Hollywood, mientras que ella es una aspirante a actriz que se gana la vida como camarera. El primero quiere recuperar el tiempo perdido y compensar su ausencia conviertiendo a su vástago en la protagonista de su nueva película, aunque la joven tenga reparos al súbita reunión, aunque acepte la oferta de participar en el filme.
Como ocurriera en el citado largometraje de 2019, Sorogoyen comete un error de bulto: ofrece lo mejor de su obra al comienzo de la misma y no sabe cómo mantener el interés pasados los primeros minutos. El tenso encuentro entre los dos protagonistas en un restaurante tras décadas sin verse tiene fuerza y permite que Javier Bardem y Victoria Luengo nos regalen un duelo interpretativo donde las miradas dicen casi más que las palabras. Sin embargo, a partir de ese momento, la película no sabe cómo resolver el conlicto entre ambos y se dedica a estar casi más de dos horas divagando y abordando otros temas un tanto accesorios, como el ambiente de rodaje, la relación profesional entre el cineasta y su productora o la situación del pueblo saharaui sin que ninguno de estos asuntos tenga demasiado desarrollo al igual que unos personajes secundarios apenas esbozados.
De nada sirve el espléndido envoltorio técnico con el que Sorogoyen pretende apabullar al espectador. A pesar del estupendo trabajo realizado por Bardem y Luengo, el realizador y su coguionista habitual, Isabel Peña, no saben desarrollar adecuadamente la relación entre sus roles y el largometraje acaba haciendo aguas en el apartado dramático.





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