El director Xavi Puebla ha demostrado su interés en analizar las siempre complicadas relaciones laborales. Así lo hizo en Bienvenido a Farewell Guttmann o A puerta fría. Femení, singular sigue su particular fijación por diseccionar los empleos, aunque amplía su radio de acción.
En esta ocasión sigue los pasos de Nayeli, una empleada latinoamericana que trabaja en Barcelona y se encuentra en la disyuntiva de abandonar al hijo que lleva en sus entrañas o cuidarlo ella misma. El problema surge porque el bebé no es fruto de la relación con su novio, que se encuentra en México encargándose de organizar un negocio de restauración que ambos desean abrir, y no quiere que tampoco que ni sus patronos ni la mujer con la que comparte piso se enteren de su embarazo. Sin embargo, tampoco puede dejar de mandar dinero a su país de origen y, además, tiene que sufragar sus gastos personales en España.
Puebla, que se encarga también del guion junto a Mireia Vidal y Jesús Méndez, nos muestra a una mujer contra las cuerdas y totalmente sola que no tiene ni siquiera la oportunidad de desahogarse con nadie. La sensación de agobio se traslada al espectador, gracias especialmente a la estupenda interpretación de la mexicana Vico Escorcia, que consigue interiorizar el malestar de esa joven que tiene que solucionar sus problemas haciendo verdaderas piruetas. A la vez somos testigos de una sociedad inclemente que pone más palos en las ruedas que ayuda a todos aquellos que lo necesitan. Además dibuja el machismo de ciertos hombres latinoamericanos, dispuestos a llevar una doble vida sin asumir las consecuencias de sus actos, o los celos de unas mujeres burguesas que temen que sus empleadas les roben el amor a sus hijos. Pueblo nunca acude a discursos fáciles y deja que el espectador empatice con el sufrimiento de su protagonista.
Quizá ciertas reiteraciones resten algo de fuerza a la película, aunque ello no impide que nos encontremos ante una más que estimulante muestra de cine social.






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