El director Jim Sheridan se ha convertido en uno de los principales retratistas cinematográficos de Irlanda. Así nos encontramos con Mi pie izquierdo, biopic de un escritor y pintor con problemas de movilidad nacido en ese país, o El prado, donde nos mostraba los problemas de un campesino en aquellas tierras norteñas durante los años treinta del siglo XX. Más famosas incluso que estas dos cintas se encontraban dos cintas que abordaban el tema del IRA de diferentes formas, corno eran En el nombre del padre o The Boxer. Después de un tiempo aceptando encargos de todo tipo, volvió a enfocarse en su patria con La carta secreta, donde repasaba la historia reciente de Irlanda a través de la vida de una anciana.
Recreación de un asesinato, que codirige junto con David Merriman, se centra de nuevo en los problemas del país a través del juicio ficticio en Irlanda de un crimen que no tuvo juicio y produjo un gran revuelo mediático: el de Sophie Toscan du Plantier, una mujer francesa supuestamente fue asesinada supuestamente por el periodista lan Bailey, pero que al que no se decidió procesar porque no se estimó que el principal testigo de la acusación fuera fiable.
Con ayudas de las diferentes pruebas recopiladas del caso y el trabajo de expertos, la película se centra en las deliberaciones de un jurado popular que tendría que dirimir sobre el asunto. Como en ocurriera en Doce hombres sin piedad, casi todos los miembros consideras al acusado inocente excepto uno de ellos. Al igual que la cinta dirigida por Sidney Lumet, la opinión de ellos cambiará a lo largo de su reunión. Vicky Krieps asume en cierta manera el rol que aboga por la no culpabilidad del reo, que en la cinta de 1957 asumiera Henry Fonda, mientras que el intérprete irlandés John Connors se poner en la piel del más ferviente defensor de la condena del presunto asesino, que en el célebre largometraje encarnara Lee J. Cobb.
No obstante, a pesar de lo curioso del experimento y de rendir tributo a uno de los títulos imprescindibles del drama judicial, Recreación de un asesinato no acaba de funcionar más allá de la corrección. A diferencia de Lumet, nunca logra provocar inquietud en el enfrentamiento entre los jurados. Además, consiente de lo monótono de su puesta en escena, intenta airear de manera algo gratuita la acción mostrándonos el lugar del asesinato, mostrando al reo y realizando una particular excursión de los miembros del jurado al paraje donde se cometió el crimen.
Todo ello junto a reflexiones poco profundas sobre las fake news o los abusos a menores por parte de la iglesia. Ni siquiera una revelación final sobre uno de los miembros del tribunal acaba por animar algo esta apagada deliberación más interesante por lo que propone que por lo que finalmente da.






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