Mike Leigh vuelve con Mi única familia a plasmar los dramas del presente después de dos películas históricas como Mr. Turner y La batalla de Waterloo. El director británico refeja de nuevo la vida de personas comunes en el ámbito familiar, como ocurriera en Another Year o Todo o nada, con su habitual habilidad para los diálogos creíbles y el retrato sincero de unos personajes que parecen salidos de la calle. A diferencia de Ken Loach, otro de los cineastas realistas británicos, el mensaje político nunca está por encima de los protagonistas.
En esta ocasión, el realizador se centra en la vida de una mujer británica y afrodescendiente de mediana edad que vive una particular crisis. En todo momento, parece enfadada con todo el mundo, desde su marido y su hijo hasta las personas de la calle. Todo es un suplicio para una persona profundamente infeliz. Como contraste, su hermana, que vive de manera más humilde y sin pareja masculina, parece estar contenta junto a sus hijas con las que comparte una profunda complicidad. La segunda quiere a la primera, pero parece no entenderla. Una reunión de ambas hermanas provocará una particular catarsis en esa señora deprimida.
Leigh vuelve a optar por una estética profundamente realista sin demasiadas florituras técnicas y atento a sus actores. Resulta especialmente memorable el trabajo de una genial Marianne Jean-Baptiste, que repite con Leigh casi tres décadas después de Secretos y mentiras. Ella inyecta el odio, la rabia y la tristeza de una persona incapaz de ser dichoso y dar cariño a los demás. Las raíces de su malestar se encuentran en una niñez desgraciada.
El autor de El secreto de Vera Drake no descuida tampoco a sus secundarios, que en ningún momento sobreactuán y resultan naturales en todo momento, e imprime humor en muchos momentos para aligerar el drama de la protagonista. Especialmente memorables son los diálogos de la hermana pequeña y sus clientas en la peluquería, mujeres de cierta edad que comentan con tono cómico sus aventuras sentimentales.
El resultado es una cinta que provoca una profunda emoción en el espectador, aunque quizá este tenga que esperar un poco para entrar en una película pequeña, pero de gran impacto emocional.






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