Los antihéroes fueron los grandes protagonistas del cine estadounidense de los años setenta. El thriller fue uno de los géneros principales en el que sobresalió especialmente el fallecido Sidney Lumet, autor de grandes éxitos como Serpico y Tarde de perros. Ambos títulos estaban basados en hechos reales y reflejaban de manera crítica la realidad convulsa de la época. Las dos estaban protagonizadas por Al Pacino, una de las estrellas de Hollywood que se encargaron de dar vida a hombres complejos y que se encontraban muy lejos del oropel de los triunfadores del sueño americano.

El cineasta Gus Van Sant homenajea a ese cine, especialmente al segundo título mencionado, en Prime Crime: A True Story. Aquí nos volvemos a encontrar con la recreación de un acontecimiento ocurrido en los años setenta: un hombre secuestra al hijo del dueño de una empresa de seguros al que acusaba de haberlo estafado. Fue uno de los primeros crímenes en ser retransmitido casi minuto a minuto por la televisión.

Con un guion del desconocido Austin Kolodney, el autor de Elephant ofrece un duro retrato de aquellos tiempos que da la vuelta a las consideraciones que tenemos sobre quiénes son los criminales y aquellos supuestos hombres de bien. En esta ocasión, el secuestrador es un tipo común al que los poderosos han sumido en la miseria, mientras que la víctima y su padre son el ejemplo de aquellos que utilizan el sistema para hacerse ricos sin considerar demasiado las repercusiones de sus actos en la sociedad. Por otra parte, el largometraje plantea la importancia que tienen los medios de comunicación a la hora de influir en la opinión pública.

La película reconstruye a perfección la época retratada y otorga a la fotografía unos tonos apagados que también recuerdan la apariencia sucia de las cintas de Lummet. Además, incluye numeroso material documental que convierte, por momentos, al film en una suerte de docudrama. Por otra parte, la banda sonora, repleta de clásicos de la música negra de los años setenta, refuerza más si cabe la inmersión en la realidad que pretende el director.

En el apartado interpretativo destaca un creíble Bill Skarsgård, que imprime el necesario nerviosismo a ese tipo común al que las circunstancias empujan al crimen; un estupendo Colman Domingo, como el locutor de radio de increíble voz que ejerce de mediador, y Al Pacino, perfecto como imperturbable magnate incapaz de reconocer su error, aunque peligre la vida de su hijo.

En resumen, Prime Crime: A True Story es un más que destacable thriller al que solamente le falta algo de la fuerza y el nervio que Lumet imprimiera a sus mejores trabajos.

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