El director ucraniano de origen bielorruso Sergéi Lonitzsa ha centrado gran parte de su carrera a reflejar de manera crítica la historia reciente de Rusia y la antigua URSS. Lo ha hecho en documentales, donde destacan títulos como El último imperio y State Funeral, y ficción, con largometrajes del calibre de Donbass.

A este último grupo pertenece Dos fiscales, adaptación de la novela Georgy Demidov, escritor y científicoque fue prisionero de un gulag, los campos de trabajos forzados soviéticos. Así seguimos los pasos de un joven fiscal que acude a una prisión rusa en los años treinta del siglo XX para visitar a un preso que fue un antiguo bolchevique al que se acusa por supuesta traición. Después de comprobar que ha sido duramente maltratado por los guardias de seguridad, el protagonista hará todo para denunciar la terrible situación generada por las purgas estalinistas y no dudará en presentarse ante el fiscal general para poner fin a estas injusticias.

Lonitsza muestra el periplo de su particular héroe de manera visualmente austera. Opta por una fotográfica de colores apagados que refleja la tristeza de una época donde cualquier disidencia con el régimen comunista era duramente castigado. Por otra parte, opta por el 4:3 para aislar a los personajes, mostrando su particular aprisionamiento interior y exterior. Todo ello usando planos fijos que otorgan al conjunto un curioso tono casi teatral.

Igualmente sobria es la dirección de actores, que nunca optan por el histrionismo sino más bien por cierto minimalismo expresivo que subraya más si cabe el hastío existencial de gran parte de ellos.

Todo ello para denunicar las miserias de una dictadura que se volvió contra los que la habían defendido en un primer momento y convirtió el régimen soviético en un reino de terror donde imperaba el miedo y una burocracia que hacía casi imposible que los ciudadanos ejercieran sus derechos.

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