Hubo un tiempo en el que los thrillers eran algo más que frenéticas secuencias de acción, persecuciones y giros sorprendentes. Había en ellos elementos de crítica social y se encargaban de mostrar a personajes de cierta ambigüedad moral, hijos del viejo cine negro norteamericano. Es en ese tipo de películas en las que se mira Ruta de escape, versión para la gran pantalla Crime 101, una de las novelas cortas que forman parte de Rotos, el libro del estadounidense Don Winslow, escritor que previamente fue adaptado a la gran pantalla en filmes como Salvajes y Bobby Z.
El británico Bart Layton, responsable de las prestigiosas American Animals y el documental El impostor, arma un guion de hierro que sigue las andanzas de un ladrón que pretende dejar la profesión, un policía algo astiado y una trabajadora de una aseguradora harta de ser minusvalorada que se verá envuelta en la particular persecución entre un criminal y el agente de la ley. Todo ello en una ciudad de Los Ángeles, retratada como un lugar cruel donde el capitalismo se cobra sus víctimas. Una urbe donde las mujeres son un mero cebo para conseguir clientes, los supuestos encargados de defender el orden se cubren sus propias vergüenzas y la pobreza más terrible convive con el ostentoso lujo.
El realizador consigue un equilibrio perfecto entre el retrato de los personajes, lleno de aristas, y una trama que tiene sus giros y persecuciones, pero que no basa su efectividad en ellos. Por otra parte, hace gala de una puesta en escena elegante y fría que recuerda por momentos a la del Michael Mann de cintas como Heat y Ladrón.
La guinda del pastel lo ponen un reparto perfecto. Mark Ruffalo brilla como un agente en el punto más bajo de su vida que intenta hacer verdadera justicia, mientras que Halle Berry demuestra lo gran actriz que puede ser como una trabajadora a que su aseguradora parece dar por amortizada cuando su belleza empieza a declinar. Incluso el marmóreo Liam Hemsworth imprime cierto laconismo a ese enemigo de lo ajeno con ganas de llevar una existencia más plena.
En resumen, Ruta de escape deja patente que un thriller comercial y adulto también es posible en el infantilizado Hollywood de esta segunda década del siglo XXI.






Deja un comentario